TODOS ENFERMOS



Creo que se confunde de alguna manera tanto las bases teóricas como las conclusiones de preguntas como qué es salud mental? qué es la psiquiatría? que es la enfermedad? que es la enfermedad mental? Es difícil la reflexión y difícil el debate.

Por temor a herir sensibilidades muchas veces suavizamos términos, llamamos a las cosas de otra manera, o dejamos de nombrar por su nombre cosas que antes nos parecían del todo muy naturales o triviales.

Decirle lisiado o cojo a una persona con dicha discapacidad, por la carga negativa que genera o generaba el término en determinado ambiente social, nos ha impedido poder usar esas palabras y tener que hablar no de discapacidad, sino de capacidad especial o de capacidad diferente, como si esos términos por sí mismos impidieran que la realidad fuera lo que es. Así mismo se produce un fenómeno parecido con la enfermedad mental: Locura, enfermedad mental, trastorno mental, afección mental, sufrimiento psíquico, etc. No me incomoda en todo caso este proceso. Las palabras no son más de lo que son, y solo significan lo que nosotros deseamos que signifiquen, y afectan de forma diferente a quienes las reciben, así alguien podría sentirse más o menos ofendido por que le digan trastornado o sufriente.

El preámbulo, a propósito de lo siguiente: la enfermedad mental puede ser una realidad ineludible, de la que en algún momento, tarde o temprano en nuestras vidas, debamos hacernos cargos. Quizás como profesionales, quizás como parientes, quizás nosotros mismos. Creo y mantengo mi opinión de que la enfermedad es una entidad democrática, quizás no las condiciones en las cuales la recibimos, o las condiciones que hicieron que enfermáramos, pero sí la enfermedad, al menos en un sentido de lo democrático como "todos podemos votar" así todos podemos enfermar.

La tarea del psiquiatra (y del profesional de la salud mental en general), fuera del box (o establecimiento, o escenario formativo, u hospital, etc) consiste en la deconstrucción del concepto de enfermedad mental que le genere un sufrimiento añadido al paciente por su connotación socialmente negativa.

Las palabras son armas con filo porque tienen un significado, un alma que les da el poder de sanar o matar. Quizás nuestra tarea radica en la construcción social de dicho significado y de dicha realidad, no tanto de la palabra o del concepto.

Me gusta la palabra sufrimiento psíquico, porque pienso que todos de alguna manera y en uno o más momentos de nuestras vidas, somos sufrientes psíquicos: unos más y por mas tiempo, otros menos y por menos, pero a la larga todos sufrimos (el sufrimiento si creo que es una experiencia democrática sin lugar a dudas) y nuestro espacio para sufrir es precisamente la mente, donde se aloja la enfermedad mental.

Creo que la mejor manera de desmanicomializar a los "enfermos mentales" (sin miedo), es mostrarles y mostrarnos que somos de alguna manera hermanos en ese difícil trance con ellos.

En ese mostrar esta hermandad, también radica la deconstrucción de la psiquiatría, pues ese proceso se da el espacio para hacer de nuestra disciplina una convergencia de ciencias y experiencias que nos humanizan en nuestro rol profesional.

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