SALUD MENTAL A PARTIR DE LA PSIQUIATRÍA
Por analogía la definí como lo siguiente: Así como la neurología es la especialidad del cerebro, la psiquiatría es la especialidad de los productos sociales del cerebro, con la salvedad de que dichos productos no dependen exclusivamente de la biología del ser humano, sino de un contexto difícil de estudiar y por lo tanto de clasificar o delimitar. Radica en esto la dificultad tanto de la praxis psiquiátrica como de la definición del concepto de salud mental
Es agradable por otra parte hacer confluir la lectura de los papers del curso con la práctica que llevamos a cabo en nuestros campos clínicos. En un seminario reciente que pudimos realizar en el Cosam de Lo Prado reflexionamos, a propósito del programa nacional de salud mental y su red temática, sobre la diferencia entre los conceptos de multidisciplinario, interdisciplinario y transdisciplinario. La psiquiatría es una especialidad interdisciplinaria (pues se alimenta con partes de disciplinas diversas: biología, filosofía, antropología, psicología, neurología, etc) llamada a desenvolverse en un ambiente transdisciplinarios (la confluencia sinérgica y retro alimentaria de diferentes especialidades, disciplinas y profesiones) como es en el que se desarrolla la salud mental -como la queramos entender- en contraposición a ejercicios multidisciplinarios aislados (la atención que podría recibir un paciente en una uci de diversas disciplinas y profesiones sin que dialoguen entre sí en un acto de retroalimentación y mutuo aprendizaje).
Acerca del concepto de salud mental: debe haber una convicción teórica y práctica de que no es separable la salud mental de la salud sin más, ya la sola reflexión del concepto en los ambientes académicos me genera una honesta sospecha. Si mayor es la convicción de que no es separable la salud de la salud mental, menos debería hablarse de salud mental. Sin embargo en la práctica diaria, nos es útil el concepto, muchas veces para defender nuestro propio ámbito de competencia, nuestra propia disciplina, o egoístamente nuestras propias convicciones ideológicas, filosóficas o políticas. La salud mental, como queramos o consensuemos entenderla, por ética médica, por ética profesional, no puede ser un panfleto publicitario, y ojo! ese error no es sólo del neoliberalismo. Desde este último párrafo, creo que dada la complejidad de la generación del concepto (con matices y salvedades conciliadores), de su puesta en práctica, de sus repercusiones en la salud pública, debe existir de forma previa a la "salud mental" un ethos de la "salud mental", que nos permita consensuar un concepto honesto, libre de prejuicios y débitos académicos o partidistas, siempre en beneficio primero y último del paciente.

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