Un ineludible deber ser
Hay abundante y variada literatura de muy buenas fuentes, muchas de ellas citadas entre sí mismas, que entregan una serie de recomendaciones a la población general y al personal de salud para hacer frente a la pandemia por COVID 19 de la cual en Chile cursamos más o menos la séptima semana. Igual de abundante y buen material existe para hacer frente a los problemas de salud mental de la población y del personal de salud, que se siguen de la pandemia, de la enfermedad, de la cuarentena y del cese de nuestra vida habitual. Redundar en ello quizás pueda ser no especialmente productivo.
Sí me quiero detener en algunos aspectos para intentar ofrecer una perspectiva distinta.
Existe, y lo digo con una convicción dogmática, un deber que es ineludible para todo ser humano y que es el de cuidarse a sí mismo. Me detengo en esto pues puede presentarse en muchos discursos y visiones una especie de pugna entre lo privado y lo público, entre lo personal y lo colectivo, entre lo singular y lo plural -Hablo acerca de estas parejas de palabras intentando considerar siempre sus significados más primitivos- Cuidar el entorno y a los demás jamás será opuesto a cuidarse a uno mismo, y al revés. Cuidarse a uno mismo, no significa caer en una especie de egoísmo que nos impida ocuparnos del resto. Profesiones cuyas formas de ejercicio son altruistas casi por definición, corren el riesgo de despreocupar el autocuidado de quienes las ejercen precisamente para no parecer ser egoístas, gorrones o sacadores de provecho.
Es un deber ineludible e inevitable, cuidarse, quererse, es un deber perenne, es un deber ser, un deber de estado, pues desde el cuidado de nosotros mismo es cuando en mejor pie nos encontramos para cuidar a los demás. No tengo citas científicas, pero quizás la haya con un mejor o peor nivel de evidencia.
No existe un correcto ejercicio de la profesión médica y menos de la praxis psiquiátrica, sin un buen autocuidado, serio, responsable, sistematizado y humanizante. Me atrevo también a decir que el cuidado que ofrecemos a los demás es de peor calidad mientras menos ejercitemos el cuidado en nosotros mismos.
Dicho esto, me detengo por último en un tipo particular de personal sanitario, y es el de aquellos que tienen la tarea de tomar decisiones desde un liderazgo distinto, un poco mayor (no me refiero al personal asistencial directo, médicos, enfermeras, kinesiólogos) y mayormente invisible: directores de hospitales, de servicios, administrativos, encargados de programa, la (quizás podríamos decir) "línea intermedia" de choque, aquellos que bajan y suben información, disposiciones, decisiones.
Son el personal sanitario al cual no van dirigidos los aplausos desde los balcones, son la primera línea de la nada que no se ve pero sin la cual no se funciona ni se puede ofrecer ese cuidado quijotesco que deseamos entregar. Creo que es un bello y productivo desafío, que una de las intervenciones que los profesionales "referentes" de salud mental (psiquiatras, psicólogos, terapeutas) deban realizar, sea la de despertar el deseo y la práctica del autocuidado en ese grupo de trabajadores. La existencia de un profesional encargado del cuidado de la salud mental de este tipo de profesionales, o un área de bienestar dirigida a quienes mueven los engranajes de la maquina asistencial, puede ser una expresión mucho más profesional, moderna, desarrollada, con enfoque de derechos laborales y responsabilidad social, de la institución de salud que deseamos para nuestra sociedad.

Comentarios
Publicar un comentario